sábado, 8 de septiembre de 2012

El amor es como un bote de champú.



El amor es como un bote de champú. A veces, puede parecer que se ha terminado, pero si pruebas a echar agua compruebas que aún queda para rato.

Una montaña rusa, eso es el amor. Un helicóptero en pleno vuelo. A veces tigre, a veces dragón. A veces perezoso, a veces lirón. Un sinsentido constante al que tan sólo dos encuentran razón. Dos: el número del amor. De ahí, la sinrazón del sinsentido cuando la situación huele a podrido si los dígitos varían. Matemáticas puras al fin y al cabo, pues no me negarán que el baile de cifras es lo que lleva la inestabilidad a una seria relación. El coqueto baile de una vieja zorra con un viejo zorrón bastaría para que saltase la chispa de la desesperación, pues se sabe más por viejo que por nuevo.

El amor es tan sencillo como complejo. Tan diverso en su definición como variado en todos sus estados. El amor son mini-mundos dentro del mundo que encierra este universo.
Mundos fantásticos en una realidad de ensueño. Sueños reales de difícil despertar. Estrellas de colores que se asoman tras el cristal.

Frágil como una pompa de jabón.

El amor es miedo a la soledad. Cuentos sueltos con final y colecciones enteras que enganchan desde el principio; principios de nunca acabar. Es aventura con infinitas dosis de pasión.  Es perder la noción del tiempo fundidos en un abrazo que culmine con un beso que parezca no tener fin. Es sentir sin necesidad de hablar, ver o escuchar. Es mirar a los ojos y ver lo que se puede llegar a pensar. Es esfuerzo, obra y sacrificio. Amor es sonreír por saber que estás ahí. Caminar de la mano sin importar nada más que el suelo por el que pisamos.

Amor eres Tú. Amor soy Yo. Amor es lo que hacíamos mientras sonaba aquella hermosa canción…

JR.

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