lunes, 13 de febrero de 2012

De hombres buenos no se ha escrito nunca nada...

Y cuando digo hombres, me refiero al ser humano en general. Empecinados ellos cual mosca contra un cristal en cruzar umbrales (des)conocidos hasta tal punto de chocar contra ellos una y otra vez… una y otra vez…

--en un mar de incoherencia el nacimiento de la opacidad más transparente es posible--

Pero cómo vamos a evolucionar, ¿cómo? Si nuestros más fervientes deseos consisten en conocer la contraseña del vecino para hurgar en su interior (llámese caja fuerte, cuentas personales o co-razón), a poder ser en el más miserable desconocimiento de su propietario. Una y otra vez… una y otra vez… como la mosca que choca contra el cristal.

--me llamaron ladrón por entrar a robar en tu corazón--

La vida nos enseña desde pequeños el sinsentido de la misma. Buena contradicción. Caminamos por el filo de un cuchillo afilado en un ambiente en que reina la opacidad más tremebunda. Caminamos aún sabiendo el final. ¿Destino quizás? Me crean o no, alguien mueve los hilos desde un opaco rincón, escritura real o literatura sin más. Pero en ocasiones, escucho sus dedos teclear… de forma arrítmica, eso sí.

--no quiero opacidad que me ciegue ni transparencia que me deslumbre: me gusta vivir en la (trans)lucidez--

En mi más actual reconstrucción como hombre de bien, proviniendo de un loco (des)cuidado, he podido, no sin dificultad, desenmarañar las reglas de este juego de la Oca. Ese en el que tiro porque me toca… ¿y si no me toca?, también tiro. Ese que guarda tanta similitud con el ejemplo que dan los más altos cargos políticos.

--si en un saco roto ves un objeto inservible, antes de tirarlo, asómate por el agujero. Te sorprenderán la cantidad de usos que aún tiene--

No existen los cuentos de hadas por más que nos empeñemos en creer en ellos. No existe el hombre bueno ni el malo. Y cuando digo hombre…digo el ser humano. Somos dueños de nuestros actos como tal, guiados por nuestro pensamiento más o menos certero que en ocasiones puede fallar. Hasta se le permite.

--no guardes sueños vacíos en botellas de cristal. Hay demasiadas botellas con mensaje surcando los mares--

Y ya lo dicen por ahí, y si no lo dicen, ya lo digo yo, de hombres buenos no se ha escrito nunca nada… Y es que desde el Papa Benedicto hasta el mismísimo Gandhi tuvieron algo de cabrón…y si no, ¿a qué viene tanta publicación?

--en el reino de la Felicidad reina quien quiere, no quien tiene poder. El poder es querer. Si yo quiero, yo puedo y tengo poder. No es una contradicción más. Es la vida real, mi vida.--

JR.

Hablar por hablar...

Hablando del siempre y del jamás…Del hoy y del mañana…Del ayer y el nunca más…Hablando de ti, de mí o los demás…Hablar por hablar…Escribir por rellenar los huecos vacíos de tiempo perdido que las redes sociales seguramente terminarán de colmar.

Hablando de huecos vacios…De huecos por rellenar…Huecos que se crean de la nada y que añoran tiempos pasados del presente más actual. Hablando de felicidad, curioso tema que se empeña en salir en todos y cada uno de mis escritos.

Es preciso hacer un Alto en el camino. Y no, no soy yo ese alto. Es el hueco más relleno jamás creado. Ese al que sólo le hacen falta 5 minutos después de ser moldeado y quitado el molde para aferrarse a un simple deseo que alberga millones de pensamientos sin sentido con intenciones claras de reencuentro, de momentos increíbles sin necesidad de derrochar demasiada energía. 5 minutos tan sólo de separación son precisos para que se empiece a crear ese sentimiento de necesidad.

Juego de dos, donde no hay vencedor ni vencido, donde no se gana ni pierde, donde el miedo queda desterrado a otro mundo lejano porque en este no queda espacio para él mientras rememos en la misma dirección. Juego serio, donde la locura es el digno juez que dicta sentencia y el buen humor es el ambiente reinante que acompaña el transcurrir de los días.

Y en medio de tan aparente contradicción ser capaces de encontrar el equilibrio y la cordura tan ansiados para aquellos que no son capaces de entender que es posible consistir en una sucesión de imposibles, que se puede ser feliz así y así lo siento…

Y hablando de sentimientos…no miento…cuando digo que bajo el suelo que piso hay soterrado unos buenos cimientos…Suficientes para empezar a construir lo ya construido de forma irreversible, lo que algunos llaman el habitáculo del amor…Ese tan temido desde tiempos inmemoriales, ese por el que juré no volver a pasar, ese…

Ese en el que hoy me quiero quedar, ese en el que una mirada sirve como llave para abrir la puerta de una habitación repleta de enigmas a cada cual más sorprendentes, ese donde no importa el cómo seas porque no te pienso soltar, ese dónde se funden dos almas errantes que vagaban en un mundo de cuerdos y que ahora tienen su propio mundo. Aunque aún no sé…si el mundo está preparado para ello.

JR

Cuestión de mal gusto...

Tanto tiempo vagando por pensamientos insulsos de calles maltrechas de mi mugrienta cabeza… tanto tiempo pasado sin haber sido apenas recorrido… tantas preguntas en el aire cuyas respuestas se encuentran en el fondo del mar… Que hoy, no me queda más que sonreír ante semejante oportunidad.

Bajo los cálidos rayos aparecidos en escuetos momentos invernales del egocentrismo radiante surgió aquello que llaman felicidad. Tan desconocida para unos… tan añorada para otros…tan sumamente hecha para mí. Creí que podía, pude lo que quise y quiero lo que pude. Sin más, sin articular apenas media palabra.

Momentos espaciales, cuanto menos especiales, que derrochan sinsentido por doquier con un toque de extrema dulzura envuelta en un malajismo supremo desconcertante. Dosis infinitas de miradas perdidas en el horizonte encontradas entre los millones de caminos posibles por un simple nexo común.

El cuento de la carne pasional que no termina porque nunca empieza…La historia del fascinante mundo del nada importa cuando tu presencia se hace presencia a mi lado al primer mínimo contacto por sutil que pueda ser…La respiración palpitante empujada al abismo por los fuertes latidos del corazón…

Quizás es cuestión de mal gusto, sí; pero a mí me gusta así.

JR.