martes, 5 de febrero de 2013

¿Y si no hubiese mañana?


El sol, callado y despacio, poco a poco va muriendo, sumiendo al mundo en una terrible y profunda oscuridad, salvable únicamente por los retazos de la luz artificial. Mañana será otro día, sí, pero… ¿y si no hubiese mañana?

Huía, perdido, por aquel juego de desdichas en la que el arte del ocultismo aflora una vez más. Un juicio sin culpables, sin demandantes ni demandados. Una tirada de dados en la que siempre sale cruz. Monedas de seis caras en blanco sumidas en un ataúd.

La paranoia me corroe, fruto de un presente pasado al que llegué a odiar y odio con todas mis fuerzas. Y es que mi total certeza era negada hasta la saciedad, una oda a la culpabilidad rebotaba en las paredes, dando tumbos renqueantes, hasta llegar a mí. Me golpea, me estremece y resquebraja mis argumentos. No existe tegumento que calme las lágrimas derramadas.


No hay cura para el dolor causado, sólo parches de quita y pon que se solapan uno tras otro en la herida abierta en el corazón. Línea recta en forma de flecha afilada que se clava. Camino de valientes, sendero de incredulidad. Grito que clama al cielo lluvia en época de sequía. “Ya se quemen todos huertos”, pensaría el más malvado exterminador de la humanidad.

¿Dé que sirve el perdón si no se es perdonado? ¿De qué sirve el recuerdo si hace daño? ¿De qué sirve la calma en medio de un tornado? ¿De qué sirve el rencor cuando hay amor? ¿De qué…?

Que me lleven preso si me equivoco, si nunca tengo la razón. Que me encierren en lo más profundo de la Tierra si hay maldad en mis actos reconocidos. Que me enseñen el camino a seguir, si en él no habrá desatino. Que me perdone quién quiera perdonarme por mis malentendidos.

Ante la inmensidad del abismo que se abre ante mí, tal y como está el país, hace tiempo que dejé de sonreír como antes lo hacía; y es que mi mejor sonrisa me la guardo, por si el sol decidiese, algún día, no volver a salir.


JR.

No hay comentarios:

Publicar un comentario