domingo, 20 de abril de 2014

Veinte

Veinte veces grité vente. Ciento veinte las que lo hubiese gritado. Vente, tal y como estés, con espuma en el pelo o sin calcetines en los pies. Vente que yo te cojo, te acojo y te recojo, pero no me dejes cojo. Veinte fueron los segundos en los que alcé la voz hasta límites insospechados, veinte los minutos que soñé con rozar el cielo sin levantar los pies del suelo, veinte fueron las horas en las que el tiempo decidió pararse a escuchar tu respiración. Un soplo de aire ardiendo con ganas de contar mil y una historias al viento. Vente, porque puede que esto se reinvente, aunque reviente.

Y es que veinte serán las vidas que viva hasta que te encuentre. Por eso digo, vente. Vente a un lugar donde las respuestas a las preguntas está en las preguntas, dónde el gris se ve  multicolor, un lugar mejor, o peor, pero feliz, donde vivir a quedarse o quedarse a vivir. Todo junto, todo a la vez o todo al revés. Sin miedo.

Ayer, fue veinte menos uno. Mañana, súmale uno. A veinte, claro, siempre vente. Haz que sume no que reste, pero vente, porque dónde mejor que en el veinte para que la vida se reinvente. ¿Por qué veinte? Porque hoy es veinte, porque entre veinte y vente hay un millón de besos y abrazos que se perderán en el espacio infinito sin verte. El futuro empieza hoy, veinte. Suerte. ¿Dónde queda la suerte? Quizás cerca de la muerte, pero vente.