martes, 5 de mayo de 2015

Alma errante

Ya no queda nada, todo está destruido. Solo, triste y solo, un alma errante trata de encontrar su camino. Pájaro herido en una guerra de olvido que le persigue como justo destino. Jodido. Jodido está quién no se encuentra y cesa en el desatino de perderse entre discos de vinilo. Vorágine de sucesos acontecidos restando a quién suma con paciencia desmedida en el abismo de la comprensión. Estigma de una metamorfosis vana con claros tintes de indiferencia. El alma errante ahora es la feria señorial de los ricos. Blanco de críticas carroñeras y burlas malintencionadas que sacuden con fuerza al pájaro herido. Sin oídos presentes, pero con el alma y la mente. Ponzoñosas costumbres encubridoras de manzanas rojas con carácter retroactivo. El viento sopla siempre en la misma dirección, pues siempre vuelve. Curiosidad, deseo, angustia o desesperación. La razón de la sinrazón. Silencio, ya vuelve. Ahí está otra vez, descifrando lo indescifrable con el disfraz de la no interacción dejando su huella inconfundible. Vuelve quién no vuelve volviendo a dónde no iba a volver jamás. El alma errante no devuelve, pues forma parte de su sufrimiento cotidiano. Ni sangre roja ni azul en sus adentros, solo vomitiva como la de esos seres tan siniestros. Recuerda la cuerda que es cuerda mientras no se asoma al precipicio de la locura. La loca no es loca sin su cuerda bien atada a la cintura, pero ya no hay ataduras. Por eso la loca vuelve a por su cuerda, pero recuerda como se ahoga cuando la convierte en soga. El alma errante no vende complejos en el mercadillo de la existencia, pues existe y seguirá existiendo aunque su sintagma se vea truncado por el truco de algún mago de pacotilla que le muestre la realidad de su inverosímil incoherencia convirtiéndolo en dos monosílabos sin incidencia. El alma seguirá siendo alma difuminando su esencia por los derroteros del errante, que seguirá errando mientras tanto. El pájaro herido construirá su capullo para convertirse en mariposa, pues la herida es del tal profundidad que ahora son los gusanos quiénes de él se alimentan. El pájaro herido no entiende de almas errantes, solo de heridas sangrantes. Son los gusanos los que con su presencia dictan sentencia. Magistrados de la vida, despreciada por quienes habitan cuerpos alquilados.



Las almas errantes no se detienen. Nunca se quedan. No importa las redes que se lancen o las trampas que se enciendan. Las almas errantes no avisan ni se manifiestan. Simplemente se van sin saber atrás lo que dejan. Las almas errantes no son malvadas o destructivas, solo yerran. 

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